Son dos monjas que regresan, ya muy tarde, al convento. De pronto, en un paraje desierto, se dan cuenta de que un individuo de mal aspecto las viene siguiendo. Sin saber que hacer, la más listilla le dice a la otra:
- Si echamos a correr en distintas direcciones, sólo podrá seguir a una, y así la otra puede pedir ayuda.
Así lo convinieron, y cuando echaron a correr, cada una en direcciones opuestas, el individuo sale corriendo tras la listilla.
La otra llega al convento y casi en el mismo instante llega la listilla.
_ ¿Qué pasó? le pregunta la compañera.
- Muy sencillo, me subí las faldas.
- Y él.... ¿Qué hizo?
- Lo que yo suponía, se bajó los pantalones.
- Y ..¿Qué ocurrió entonces?
- Lo lógico...es más fácil correr con la falda levantada que con los pantalones bajados.